jueves, 30 de abril de 2009

A las puertas del clásico



Estamos ya muy cerca del clásico que avivará el fuego en Madrid o en Barcelona. Todo puede quedar igual, o a un punto de diferencia, o ya sólo se hable a partir del sábado del bicolor de la liga, azul y granate. Durante la semana ambos equipos perdieron a piezas claves, los blancos a su timón Guti, y los catalanes al achicador de agua, Márquez. ¿Qué equipo perdió más? Quizá haya muchas opiniones a este respecto, pero para mi perdieron más los blancos, que son los que están obligados a salir a por todas.

A petición de Vander, os dejo la foto de la alineación del 0-5 del año 74, y una crónica del día de la histórica victoria de aquel Barcelona de Cruyff.

Cambiando de balón, este fin de semana en Berlín se juega la Final Four de la Euroliga de Baloncesto. El Regal Barça contra el Cska en una semifinal, y en la otra la dinamita griega, Panathinaikos contra Olympiacos, mucha metralla en esas aficiones, por las que vale la pena seguro ver ese partido. Hoy publicaba El País una entrevista con el cuestionado entrenador blaugrana Xavi Pascual, con alguna frase que conviene analizar: "...con su experiencia en la NBA y mi modo de entender su juego, Navarro está excelente...", ya era hora que un entrenador aceptara entender a una estrella, subordinando su protagonismo. Algunos dioses del banquillo deberían aprender de este joven que quiere ganar la segunda Euroleague barcelonista. Todos los partidos los dará tve, a través de Teledeporte y de la 2, y si hay final blaugrana se verá por la 1.

domingo, 26 de abril de 2009

Los 4 caballeros de la Corona

foto El Gráfico

Osvaldo Ardiles (Tottenham), Claudio Marangoni (Sunderland), Alejandro Sabella (Sheffield United) y Julio Villa (Tottenham) con un tradicional paisaje londinense como fondo. Cuatro mediocampistas argentinos desparramaban su categoría por las canchas inglesas en el inicio de la década del 80, en plena Guerra de las Malvinas. Éstos fueron los primero argentinos que jugaron en la primera división de la liga inglesa. Hoy, en la Premier, Mascherano o Tévez son prácticamente los únicos australes que triunfan, donde en casi treinta años son mayoría los casos de argentinos que fracasaban en una de las ligas donde más les ha costado asentarse y donde menos porcentaje de ellos se puede contar hoy en día. De los de la foto, sólo Ardiles hizo carrera, en los Spurs del entonces juvenil Glenn Hoddle.

jueves, 16 de abril de 2009

Roma Roma Mágica Roma

En los últimos tiempos, los himnos líricos se han impuesto en el fútbol. El mejor ejemplo de la adaptación de la canción italiana del tipo Adamo o Modugno es el himno del AS Roma.

Bocatto di cardinale !

video

lunes, 13 de abril de 2009

El chico y su favela




Enric González


Hay muy buenos libros sobre boxeadores. Desde los cuentos de Jack London, como El combate y Por un filete, hasta la clásica novela Más dura será la caída (Budd Schulberg) o la relativamente moderna Fat City (Leonard Gardner), pasando por biografías como The Devil and Sonny Liston (Nick Tosches), se ha escrito muchísimo de boxeo: la dignidad del luchador, la miseria moral, la corrupción deportiva, la corrupción general, la desolación de la derrota, el dolor, la soledad.
También hay buen material bibliográfico sobre fútbol. Pero, es curioso, no sobre las personas que destacan en su práctica. El futbolista parece un espectro sin vida, sin pasado ni futuro, oculto tras el tópico ("hay que pensar en el próximo partido") y la estructura empresarial de su club, envuelto en dinero y rodeado de supermodelos. El futbolista se erige en paradigma de la frivolidad, y eso da para poca literatura.
Es curioso, repito, que las extraordinarias aventuras y los dramas personales de algunos, en especial brasileños y africanos, no se hayan traducido más que en biografías hagiográficas llenas de reverencia o en modestos artículos de prensa. En realidad, las vidas de Rivaldo, Ronaldo o Adriano valdrían como metáforas de una época confusa y disparatada, la nuestra.
No hace falta insistir en la infancia pobrísima de Adriano, Ronaldo y Rivaldo (con secuelas óseas de malnutrición) ni de la ausencia de la figura paterna en un momento clave: Ronaldo era hijo de divorciada en las favelas; Rivaldo perdió a su padre por un accidente de tráfico justo antes de firmar su primer contrato profesional; el padre de Adriano, que tenía una bala incrustada en la cabeza a causa de un tiroteo, murió cuando el hijo empezaba a triunfar en el Inter. Esas circunstancias son sólo una parte del asunto.
Tomemos el caso de Adriano, alcoholizado, según su novia, o ex novia, y "necesitado de nuestras oraciones", según su madre. El ariete del Inter gana cinco millones de euros al año, a los que ha renunciado mientras no juegue. Adriano ha protagonizado numerosas fugas a Brasil para refugiarse en su viejo barrio. El futbolista millonario toma un avión en Milán, primera clase, y desembarca en la favela de su infancia para compartir cervezas y prostitutas con sus amigos de toda la vida. Sus amigos, ahora, se dedican mayormente al narcotráfico y a la delincuencia organizada. Las fiestas duran días, semanas. Adriano ha ido hundiéndose en esa esquizofrenia: ídolo de oro en Europa, pandillero salvaje en América. El chico dejó la favela, pero la favela no dejó al chico.
Por alguna razón, las tragedias personales de los futbolistas no inspiran como las tragedias de los boxeadores. Ni siquiera dan frases como las de los boxeadores. Aquélla de Larry Holmes, por ejemplo: "Es duro ser negro. ¿Ha sido usted negro alguna vez? Recuerdo que yo lo fui, cuando era pobre". Las frases del fútbol hablan del fútbol, no de la sociedad. "Fútbol es fútbol", y todo lo que al fútbol se refiere parece convertirse en espectáculo y divorciarse de la vida. Pura frivolidad, se diría. ¿Por qué dejamos escapar esta metáfora sobre nosotros mismos?

lunes, 6 de abril de 2009

Van Bommel puede con todo


Jordi Quixano
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Como una desbandada, todos los futbolistas del Bayern se escaparon del Volkswagen Arena, estadio del Wolfsburgo, con la cabeza gacha. Ninguno atendió a la prensa después del descalabro, de perder 5 a 1. Sólo se detuvo el capitán, como siempre. Mark Van Bommel (Maasbracht, Holanda; 1977) da la cara para lo bueno y para lo malo. Bien lo sabe el técnico, Jürgen Klinsmann.
Nada más llegar al Bayern, Klinsmann exigió a sus futbolistas que se deshicieran de la pelota con premura. "El jugador alemán tarda un segundo más que el inglés en pasar el balón", definió a modo de lección el entrenador. Para Van Bommel, que es tan eficaz en las llegadas desde atrás como torpe en la conducción y en el pase de primeras, fue una rémora difícil de digerir. Tampoco le ayudó su vehemencia sobre el césped, su facilidad para ver cartulinas amarillas. Al segundo partido de la temporada, frente al Borussia Dortmund, vio la tarjeta roja. "No me puedo arriesgar tanto", sugería el técnico a sus más allegados, sugiriendo la fragilidad a la que les exponía el medio centro holandés. Y le castigó un par de partidos. Algo que no menguó un ápice su facilidad para ver cartulinas; suma diez amarillas y una roja en lo que va de curso.
Para Van Bommel no hay nada peor que estar en el banquillo. Por eso se fue del Barça, por más que le alinearan en el equipo titular en la final de París ante el Arsenal. "Van Bommel se siente culé", cuentan desde su entorno. Sólo así se entienden las butifarras
que le dedicó al Madrid hace dos años en la Champions. Pero se marchó al Bayern porque no tenía sitio en el once inicial azulgrana. Cuando perdió su puesto por decisión de Klinsmann, no se calló y mantuvo algún que otro rifirrafe dialéctico y público con él. Circunstancia que alimentó el siseo incontrolado de las gradas y de la prensa sobre su renovación o su marcha definitiva del club. Pero renovó por un año. Van Bommel recuperó la titularidad y perdió la desconsideración del ex seleccionador alemán. Aunque no la palabra.
Después de la victoria ante el Sporting de Lisboa (ida de los octavos de la Champions; 1-5), Van Bommel dio a entender que el equipo se había reunido a las espaldas del técnico para utilizar una táctica más ofensiva. Klinsmann lo negó vehementemente en la rueda de prensa posterior. Y no castigó al capitán -el primero extranjero en la historia del Bayern- porque buscó la unidad del equipo. Hasta el sábado pasado, cuando el Wolfsburgo les metió cinco goles. "Está en juego el futuro del Bayern y cada cual debe asumir sus responsabilidades y dar la cara", advirtió el técnico, sabedor de que la última vez que el equipo no ganó la Liga el entrenador (Félix Magath) fue despedido; "yo lo hecho durante 10 meses y ahora le toca a los jugadores; siento ira". Van Bommel captó el mensaje. "El técnico tiene razón cuando dice que debemos cuestionarnos", aseguró; "y si hay alguien débil de cabeza, no puede jugar aquí". Predica con el ejemplo: "Esto se arregla con voluntad, sacrificio, corriendo, saltando y volviendo a correr". Y remachó: "El Barça no me da miedo". A Van Bommel no hay quien le pare.