lunes, 12 de octubre de 2009

El milagro de san Martín


Ramón Besa EL PAIS

A menudo se tiende a menospreciar las fases de clasificación de las selecciones, sobre todo desde los países cuyo equipo nacional ya está en la fase final y están dominados por los clubes, protagonistas de dramáticos finales de Liga y necesitados cada semana de un carrusel de emociones. A la mayoría se los considera partidos rutinarios que pillan muy lejos y si interesan es por la participación de jugadores que se consideran capitales en sus respectivos equipos, como el madridista Cristiano Ronaldo, que causará baja un mes tras resentirse de su lesión en Portugal. Pero, aunque sea así muchas veces y se imponga el desdén, hay ocasiones en que tales encuentros acaban por convertirse en jornadas inolvidables por la capacidad del fútbol de escapar a cualquier lógica y responder a su papel más dramático. La del sábado en la zona suramericana para el Mundial 2010 funciona como el mejor de los ejemplos, especialmente en Argentina, donde Diego Maradona apuesta por que el 10 de octubre pase a ser la festividad del "milagro de san Martín".

Llovía a mares en el Monumental de River durante el Argentina-Perú (2-1), con 41.000 hinchas achicando más el campo que los once futbolistas argentinos, cuando en el último minuto del tiempo reglamentario Rengifo acertó por fin a cabecear a la red después de que el boliviano Ortubé hubiera pasado por alto un penalti en el área del combinado albiceleste, que dominaba con un tanto de Higuaín. Ni siquiera el colegiado, que se despedía, podía discutir la justicia del empate de Perú, el colista, y por extensión la eliminación prácticamente de Argentina. Una situación parecida a la de 1969 y 1985.

Imposible reaccionar desde la racionalidad de Messi, que juega para ganar, poco acostumbrado a sobrevivir, arrastrado por la corriente. El partido no demandaba un duende, sino un héroe, un tipo extremo, un ariete trágico. Terreno abonado por El Loco Palermo, el máximo goleador en activo del fútbol argentino a punto de cumplir 36 años, el mismo que falló tres penaltis en la Copa América de Paraguay 1999 y le apartaron durante una década de la selección, el "optimista del gol" como le define Bianchi. Martín Palermo correspondió a la llamada y al ruego de Maradona: "Resuelve esta historia como tantas otras has resuelto". Y, en el minuto 92, en la antepenúltima jugada del partido, el ariete de River puso la punta de su bota izquierda a un centro de Federico Insúa y le dio una victoria que mantiene con vida a Argentina. El árbitro concedió gol sin reparar en que Animal Palermo había marcado en fuera de juego y dio la contienda por finalizada después de obviar un segundo penalti, cometido ahora por Emiliano Insúa, instantes después de que Vargas rematara al larguero desde la divisoria nada más sacar de centro por el 2-1. Locura total.

Fueron tres jugadas consecutivas en apenas tres minutos que pusieron el mejor punto final posible a una contienda de vértigo y en cierta manera paralela, por otra parte, a la que se vivía en Quito.

Ecuador y Uruguay empataban (1-1) en un partido igualmente decisivo para la suerte del grupo. Ambas selecciones jugaban a tumba abierta en busca del triunfo cuando en el minuto 89 los locales reclamaron penalti por manos de Eguren a un centro de Valencia. El árbitro, el brasileño Fagundes, sin embargo, dejó seguir la jugada para suerte charrúa hasta que Cavani cayó en el área ecuatoriana derribado por Elizaga. Ahí el colegiado apreció sanción y Forlán transformó la pena máxima en el último minuto ante la jarana de los jugadores de Uruguay, que el miércoles aguardan justamente a Argentina en el Centenario de Montevideo para resolver la clasificación para el Mundial.

Una vez que Brasil, Paraguay y Chile ya han validado su billete para Suráfrica, queda por decidir la cuarta plaza que da acceso directo al Mundial y una quinta que conduce a una repesca ante el cuarto de la zona de la Concacaf. Así las cosas, el vencedor del Uruguay-Argentina accederá a la fase final. A la albiceleste, con un punto de ventaja, le puede valer el empate si Ecuador -tercero en discordia- no gana en Chile. El seleccionador chileno es curiosamente un argentino, Marcelo Bielsa, apodado también El Loco.

A Palermo le obsesionan los goles y al Loco Bielsa la táctica. Y, en medio, queda Maradona. Los protagonistas auguran una última jornada tan interesante como la pasada. La grandeza del fútbol está en su capacidad de sorpresa, tanto en la Liga como en las fases de clasificación. Siempre dramático para mal o para bien.

2 comentarios:

vander dijo...

¡Que grande es el fútbol !

Y q buena la lluvia para darle el tono épico.

Chus dijo...

Me alegro mucho por Argentina, un Mundial sin la albiceleste no sería lo mismo. A ver si tienen suerte.

Saludos.